miércoles, 1 de marzo de 2017

Sopa de ajo ligera

Esta es otra de mis recetas favoritas, porque me gustan mucho las comidas de cuchara. Soy sopera desde que tengo uso de razón y en días de frío o lluvia no me puedo imaginar nada mejor que un plato de sopa.
Esta sopa de ajo y pan, que es la típica sopa castellana, es un poco más ligera que las que se suelen tomar por mi tierra natal.

Allí las preparan bien densas y contundentes y con una cazuela de sopas tienes alimento para 48 horas.
Yo personalmente prefiero esta versión un poco más caldosa pero igual de sabrosa y con capacidad suficiente de sacarte el frío y el destemple del cuerpo.
Además es fabulosa para aprovechar los rebojos de pan que se van quedando aburridos en la panera, y como soy de la liga "aquí no se tira nada", pues acaba todo en la cazuela de una manera u otra, lo que la convierte en una receta de aprovechamiento perfecta. 
Preparación: 10 minutos y 50 minutos de cocción.
Ingredientes: 
100 gr de pan de días anteriores cortado en láminas finas
5 ajos
4 cucharadas de aceite de oliva virgen
1 cucharadita de  las de café de pimentón de la Vera (picante o dulce según os guste)
2 huevos
agua
sal
  • Ponemos en una cazuela unos 3 litros aproximadamente de agua a calentar. Luego evaporará una parte.
  • Exprimimos o machacamos 4 ajos y los añadimos a la cazuela, junto con un poco de sal y esperamos que empiece a hervir.
  • Mientras cortamos el pan viejo en láminas finas. El pan puede ser de cualquier tipo, pero el que mejor sopa hace es el pan de hogaza, aunque no tenemos que despreciar la barra que también hace buena sopa.

  • Cuando comience a hervir bajamos la intensidad del calor y añadimos el pan. Damos unas vueltas y dejamos cocer durante unos 40 o 50 minutos. Ojo que si cuece muy fuerte se puede desbordar de la cazuela como la leche.
  • Pasado este tiempo en una sartén pequeña ponemos el ajo restante y el aceite y lo doramos. Apagamos y añadimos la cucharadita de pimentón. En casa nos gusta un poco picante.
  • Damos una vuelta, y rápido a la cazuela, para que no se nos queme y nos deje sabor amargo.

  • Apagamos la sopa. En un plato batimos un poco los huevos y los añadimos a la cazuela. Con el fuego apagado. Contamos hasta 10 y con la cuchara de madera revolvemos muy suavemente.
  • Si revolvemos rápido nada más añadir los huevos se mezclan demasiado sin poder cuajar un poco antes y queda una consistencia que a mi no me gusta nada. De esta otra manera quedarán los característicos hilos de huevo mezclado con el pan y el caldo. Así es mucho mejor.
  • Servir en plato o cazuela de barro o donde mejor os convenga pero eso si: bien, bien caliente y a gozar.
Una receta más sencilla y económica no sé si se puede encontrar y es un plato que resucita al más perjudicado.

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